02/03/08

Dolor VS Dolor

            Mas allá de la muy humana costumbre de considerar que cualquier práctica diferente a la nuestra, es una muestra de anormalidad, debemos reconocer que eso de que haya quien se deje azotar, por poner un ejemplo, sí que parece algo raro.

Pero, ¿Puede el dolor dejar de ser una desagradable experiencia? Aunque la respuesta es obvia para los practicantes del BDSM, intentaré lucubrar sobre las razones de esta aparente contradicción.

Ahora bien, ¿por dónde empezar?, pues como diría un antiguo profesor de cuyo nombre no quiero acordarme, “por el principio, señor mío, por el principio”, que simpático. Así que empezaremos por intentar saber que es y para qué sirve el dolor.

Los orígenes del dolor.

            Para responder a esta pregunta deberemos retroceder algo en el tiempo, unos 3.800.- millones de años aproximadamente. Parece ser que en aquel periodo, aparecieron las primeras estructuras de ARN autorreplicantes, después las bacterias, los organismos procariotas, los eucariotas y poco a poco las formas vida compleja se fueron abriendo paso.

Conforme los organismos se fueron complicando surgió la necesidad protegerse del entorno y de otros organismos. Para ello, los nuevos animales se fueron dotando de órganos (sentidos) que les permitían reconocer los riesgos del entorno al tiempo que les facilitaba localizar nutrientes y refugio. Órganos capaces de registrar la vibración lumínica (ojos), la acústica (oídos), la composición química de algunos elementos o las variaciones electromagnéticas, (antenas, narices, lengua) o la presión y temperatura (tacto), y el más importante, un cerebro capaz de interpretar los datos que recibía de cada uno de esos  órganos.

Nuestro cerebro, como el del resto de los animales, reconoce la información recibida por los diferentes sentidos, la analiza y la convierte en información útil. Por ejemplo, los fotones que rebotan de los objetos, nos permiten saber cómo son a distancia. A este acto de autentica magia, lo llamamos visión.

La piel, portadora del sentido del tacto, es la responsable de informar sobre las cualidades superficiales de los objetos, permitiendo un mejor conocimiento del entorno al tiempo que nos protege de posibles agresiones externas a nuestro organismo, avisándonos cuando entramos en contacto con elementos peligrosamente fríos, calientes, mordeduras, picaduras, golpes, etc.

Tanto en la piel, como en músculos y algunas vísceras, se encuentran unos receptores sensoriales (nociceptores [abreviación de nocirreceptor]) capaces de diferenciar entre estímulos inocuos y estímulos nocivos. Estos nociceptores, también son conocidos como receptores del dolor, por su capacidad responder a estímulos dolorosos.

Dichos noicepores, una vez estimulados, envían por la medula espinal una señal al cerebro, que lo interpreta como una sensación lo suficientemente desagradable como para forzar un rápido alejamiento del peligro.

Y sin embargo, a pesar de lo comentado y aun cuando podemos definir el dolor como, una experiencia emocional (subjetiva) y sensorial (objetiva)1, en realidad no existe. Para aclarar esto mencionaré una curiosidad, la sinestesia.

(1)(La International Association for the Study of Pain (IASP) define el dolor como: "Una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con una lesión hística real o potencial, o que se describe como ocasionada por dicha lesión")

Sinestesia

           Los sinestésicos son  individuos que mezclan impresiones de sentidos diferentes. Ven los sonidos, oyen los colores o sienten  sabores por el tacto entre, entre otras muchas opciones. Esto nos demuestra que en realidad, la forma en la que interpretamos la información recibida por un sentido cualquiera, no es más que una elección evolutiva, una opción, pero no un imperativo. En principio un golpe podría ser interpretado por nuestro cerebro como una explosión de colores o de sonidos,  claro que en ese caso no reaccionaríamos a la agresión, lo que iría contra nuestra supervivencia.

Pero lo que realmente importa es comprender que la sensación de dolor, en cuanto que experiencia sensorial, es una interpretación de nuestro cerebro y no una realidad absoluta.

La experiencia emocional

           Una vez que hemos reducido al dolor a su condición de “interpretación” de un estímulo sensorial, podemos hablar de la reacción emocional al mismo.

Como suele gustarme, empezare por un ejemplo comparativo.

Por un lado tenemos a nuestra amiga María, que desnuda y atada, está siendo azotada por su amo.

Por otro una chica ha sido secuestrada, desnuda y atada, está siendo azotada por su secuestrador.

Cada azote recibido por ellas, les produce un intenso dolor, pero la experiencia emocional es radicalmente diferente. María sabe que no corre ningún riesgo, conoce a su amo y sabe que en ningún caso corre peligro. No solo eso, bien por el placer directo que algunas personas sienten, bien por la seguridad emocional de pertenecer a otra persona o por cualquier otro motivo, María espera de ese dolor una satisfacción posterior de mayor intensidad.

Por el contrario, la otra muchacha, estará aterrorizada, temerá por su integridad y su vida y el propio miedo hará que  el dolor sea interpretado como más intenso. Su expectativa será absolutamente negativa, ya que desconoce la duración y la intensidad del dolor, no está en esa situación voluntariamente, y carece de esperanza de recompensa futura.

En resumen, podemos suponer que, que la experiencia del dolor en cuanto que interpretación de un impulso es subjetiva y dependiente de las expectativas que sobre el propio dolor tengamos.

Como humanos, nos regimos por un simple sistema de compensación. Si el beneficio, a corto plazo, de un esfuerzo sacrificio, nos compensa, lo realizaremos, sino, no.

Por tanto si la expectativa de placer físico o emocional, presente o futuro, supera el sufrimiento que ocasiona el dolor, la humillación o la entrega, y si las condiciones persnales y sociales son propicias, habrá personas que elijan el camino del dolor para llegar al placer. Y este, como cualquier otro camino, debería ser respetado.

Creo que me he enrollado en exceso, así que pido disculpas.

Un abrazo

S.H.Alberto