07/04/07

Los experimentos de Stanley Milgram y - Una despedida -.

        Hoy comentaré el que probablemente sea el experimento más conocido de la psicología social. Con esta nota no solo cierro el ciclo de textos referidos a la psicología, sino que me despido de todos/as cuantos/as habéis seguido este blog.

       Sin duda alguna, la vida es cambio, experiencia, renovación, movimiento en definitiva. A día de hoy las circunstancias personales, los sueños, las obligaciones y por que no decirlo, el deseo de dedicar algo más de tiempo a saber y conocer como pensamos y actuamos, son diferentes a las que había cuando en agosto de 2005 nació este blog.

      Ahora mismo tengo más obligaciones y sueños que entonces, pero mucho menos tiempo. Por eso y como inevitablemente hay que elegir, hoy despido este blog hasta Octubre, como mínimo.

      Para terminar, no quisiera cerrar esta despedida sin  reiterar el agradecimiento a quienes me han seguido, y especialmente a quienes con su participación han hecho de este lugar, un sitio mucho más interesante. Gracias, desde lo más profundo del corazón, gracias a todos/as.

El Experimento

      Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y tras conocerse las atrocidades cometidas por los nazis, (también los japoneses en china) el D. Stanley Milgram  de la universidad de Yale (New Haven, Connecticut, EE.UU),  empezó a hacerse preguntas acerca del límite de  la obediencia a la autoridad, preguntándose si todos seríamos capaces de torturar, partiendo del convencimiento de que la respuesta sería negativa.

      Siguiendo el procedimiento habitual, se seleccionó a un grupo de hombres a los que se les dijo que participarían en un estudio sobre la memoria y el aprendizaje, y sobre cuánto castigo es necesario para mejorar la enseñanza.

     El correctivo consistía en la aplicación de una descarga eléctrica que se iniciaba en 15 voltios e iba aumentando con cada error hasta los 450 voltios.

     A los participantes se les hacía creer que serían alumnos o maestros en función del azar, aunque siempre les tocaba ser maestros, ya que el papel de alumno estaba asignado a un colaborador que fingía errar y en consecuencia debía quejarse con intensidad adecuada a las supuestas descargas eléctricas.

    Sin entrar en el detalle, lo notable fue que nada menos que el 62,5% de los “maestros” llegaron a los 450 voltios a pesar de los chillidos de dolor, aullidos, gritos de agonía y estertores finales.

    Repetido este experimento en diferentes lugares y se obtienen similares resultados con independencia del sexo o la cultura.

    La conclusión a la que se llegó, es que somos “excesivamente” obedientes a la autoridad, de forma que si alguien con aparente autoridad (investigador, policía, profesor…) nos da órdenes, la acatamos aun cuando puedan ir contra nuestros propios principios.

    A mi esto me lleva a pensar que como especie social, y al igual que en el resto de los animales gremiales, tendemos a respetar y seguir al líder, sin perjuicio de las luchas que existan para alcanzar ese liderato.

    Visto así, resulta que la existencia de tendencias de dominación y sumisión entre los humanos, no solo no es una rareza ni mucho menos algún tipo de perversión sino que sería una forma de expresar esa natural tendencia a la organización en términos de autoridad y obediencia.

    Me despido así con un mensaje diferente a los últimos en los que he pretendido hacer de abogado del diablo, comentando el lado menos bonito de este tipo de relación. Me apetecía terminar escribiendo que sí, que se puede practicar BDSM, que somos normales y desde luego entre practicantes y quienes querrían pero no pueden con su pareja, somos muchos/as, muchísimos/as.

Suerte a todos/as

S.H.Alberto